Dos hermanos con muchos retos en Oruro, Bolivia

    panoramicaMe llamo Javier Martín Arroyo. Mi experiencia de voluntariado internacional duró 3 semanas, aunque realmente duró algo menos debido a que aterrizamos en Santa Cruz, Bolivia, tras medio día viajamos a Cochabamba y un día después emprendimos el viaje a Oruro que era nuestro destino.

    Los primeros días que estuvimos en Oruro nos costó adecuarnos a la altitud a la que se encuentra el departamento, pero una vez pasaron dos o tres días, apenas nos cansábamos. Dado que no teníamos muy claro cual iba a ser nuestra tarea, nos costó un poco adaptarnos y decidir qué hacer. Tuvimos que tomar bastantes iniciativas sin saber si iban a molestar a las personas que llevaban viviendo ahí toda su vida.

    Las mañanas eran de lo más divertidas y satisfactorias posibles, los Lunes, Martes y Miércoles, realizábamos tanto mi hermana como yo, una serie de charlas dirigidas a cualquier persona que quisiera conocer temas tales como:

    • Higiene Personal,
    • Nutrición en función de la edad,
    • Enfermedades contagiosas y cómo tratarlas,
    • Heridas comunes y como curarlas,
    • Alcoholismo..

    Los temas eran elegidos por los participantes y preparados por nosotros. Los Jueves, Viernes y Sábados, convencíamos a la gente del comedor social a que se animara a ducharse, les facilitábamos tanto gel y champú como toalla y ropa limpia. Por las tardes, había días que íbamos al centro de salud “Jesús de
    Nazareth” a ayudar en cualquier tarea que Don Mario nos mandara, en este caso, yo estuve haciendo inventario para completar la Base de Datos y
    arreglando una impresora y un ordenador de mesa, mi hermana en cambio, estuvo ayudando a los médicos y enfermeros en su labor. Otras tardes nos
    dedicamos a preparar las charlas y a hacer inventario sobre el museo de la Madre Nazaria Ignacia.

    comedorLo primero que me impactó, por otro lado, fue el esfuerzo inhumano de las hermanas de la congregación de Oruro que, tanto a su edad, como por su ínfimo número de personas, eran capaces de llevar a cabo tan laboriosa acción solidaria como es la de ofrecer comida a una media de 125 personas al día. Por otro lado cabe destacar el impacto debido al contraste entre Madrid y Oruro, la cantidad de festividades y de tipo de vida, siempre tienen motivos para celebrar cualquier situación y alegrarse por la misma, restando importancia a cosas que realmente no la tienen pero que en la vida estresante de Madrid si. En las casi 3 semanas que estuve con mi hermana en Oruro, no vimos a una sola persona extranjera que estuviera visitando este precioso departamento. Aunque haya una gran cantidad de gente sin recursos y que tiene problemas con alcohol, están abiertos a la ayuda que le puedas prestar, tienen esperanza.

    Especialmente contentos quedamos de una labor que realizamos en el comedor social. Las personas no llegaban aseadas, tras varios días sin ducharse, enfrentándose a lluvia, barro, caídas, tormentas de arena, restos de pintura o señales varias del trabajo que habían desempeñado. Llegaban en esta situación y no éramos capaces de asearlos, aunque fuera de forma mínima, antes de que recibieran el pan y se sentaran en la mesa.
    Propusimos la idea de que se levaran las manos antes de recibir el pan. Las Hermanas de la congregación nos comentarbarrenoson que esa idea ya había sido llevada a cabo anteriormente pero sin ningún resultado satisfactorio. Pero a nosotros esa respuesta no nos valió, nosotros queríamos dejar huella allí en el comedor, intentamos que la gente se concienciara de lo malo que era el alcohol, con las charlas conseguimos que la gente aprendiera a curarse un corte o a saber diferenciar tipos de heridas superficiales, ¿cómo no vamos a ser capaces de conseguir que se laven las manos? Nos pusimos a pensar en un protocolo por el cual se pudiera conseguir el resultado sin necesitar más gente que la que hay actualmente ayudado (a veces venían 3 personas a ayudar pero había días que no venía nadie…). Empezamos con dos personas que estuvieran vigilando y repartiendo el jabón y las toallas. Al cabo del tiempo, conforme las personas que acudían al comedor adquirieron la manía de aseare antes de recibir el pan, suprimimos a la persona del jabón y la sustituimos por un cuenco rojo, característico. La gente aceptó el cambio. Más tarde cambiamos a la persona de las toallas por unos cestos dados la vuelta. Y fue entonces cuando nos dimos cuenta de que lo habíamos conseguiatendiendodo, que en dos semanas y media habíamos conseguido instaurar el lavado de manos obligatorio antes de recibir el pan. Lo mejor de esto no fue demostrar que toda idea se puede llevar a cabo con esfuerzo, lo mejor fue la satisfacción que recibíamos tanto mi hermana como yo cuando una persona nos agradecía el hecho de que pudiera lavarse las manos, que llevaba todo el día sintiéndose sucio. Por esas sonrisas y agradecimientos, mereció la pena.
    Al irnos, estábamos preocupados, no sabíamos si se iba a llevar a cabo la continuación del protocolo de lavarse las manos, no hacía falta nadie, ni para los jabones ni para las toallas, pero aún así había que cambiar el agua de los barreños cada cierto número de personas en función de la suciedad que acumularan, por lo que había que parar la cola y cambiar el agua. Contactó con nosotros Elisa, una persona muy especial y muy querida por todos, que nos calmó la preocupación, contándonos que todavía seguían los barreños, todavía la gente se lavaba las manos, se habían convertido en el comedor social de Oruro con lavado de manos obligatorio. No hay palabras para describir esa liberación de la carga que suponía dicha preocupación.

     

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